Columna de Psicología: Ansiedad social
El psicólogo Lucas Martinez explicó en una nueva edición de la columna de psicología las diferencias de la ansiedad social con la timidez, cómo actúan los pensamientos anticipatorios y por qué evitar situaciones incómodas puede agravar el problema a largo plazo.
Miércoles 13 de mayo 2026 | 12:56 Hs.
En una nueva edición de la columna de psicología en Radiocanal, el licenciado en psicología Lucas Martínez abordó una problemática cada vez más frecuente: la ansiedad social.
El profesional explicó que la ansiedad social es un trastorno que afecta la manera en que una persona piensa, siente y actúa frente a determinadas situaciones sociales. A diferencia de la timidez —que consideró una emoción normal y pasajera—, la ansiedad social puede llevar a evitar actividades importantes por miedo al juicio ajeno. “Una persona puede sentir timidez y aun así hacer eso que es importante. En la ansiedad social aparecen pensamientos que bloquean u obstaculizan la conducta”, señaló.
Entre los ejemplos más comunes mencionó el miedo a hablar en público, rendir exámenes, interactuar en ciertos ámbitos laborales o incluso realizar actividades cotidianas como hacer compras. Según explicó, la persona suele anticipar escenarios negativos, interpretar lo que otros podrían pensar y generar conclusiones catastróficas sin evidencia concreta. “Muchas veces aparece esta lectura de mente: pensar que los demás van a creer que soy un tonto, que voy a quedar en ridículo o que no estoy preparado. Eso genera tanta ansiedad que la persona evita exponerse”, indicó.
El especialista remarcó que la evitación produce alivio inmediato, pero termina reforzando el problema. “A corto plazo funciona porque disminuye la ansiedad, pero a largo plazo aleja a la persona de lo que es importante para ella”, sostuvo.
Durante la entrevista, también explicó que la ansiedad social no siempre se manifiesta en todos los contextos. Una persona puede desenvolverse con normalidad en algunos ámbitos y sentirse completamente bloqueada en otros específicos, como rendir un examen oral o hablar frente a determinadas personas.
En ese sentido, señaló que uno de los indicadores más importantes para detectar el problema es comenzar a abandonar actividades significativas por miedo, ansiedad o pensamientos anticipatorios. “Cuando la persona empieza a dejar de asistir a lugares o hacer cosas importantes para su vida por esta ansiedad, ahí ya estamos hablando de un problema”, expresó.
Martínez advirtió además que, si el aislamiento se profundiza, pueden aparecer síntomas depresivos. “Cada vez se reducen más las conductas. La persona deja de salir, de estudiar, de compartir con otros, y termina aislándose en un lugar seguro donde no siente ansiedad, pero tampoco disfruta”, explicó.
Finalmente, destacó la importancia de aprender a actuar incluso en presencia del miedo o la incomodidad. Desde el enfoque de la terapia de aceptación y compromiso, señaló que avanzar hacia aquello que es valioso para una persona casi siempre implica cierto nivel de incomodidad emocional. “No se trata de esperar a no sentir ansiedad para hacer algo, sino de hacerlo aun con nervios, miedo o vergüenza”, concluyó.
El profesional explicó que la ansiedad social es un trastorno que afecta la manera en que una persona piensa, siente y actúa frente a determinadas situaciones sociales. A diferencia de la timidez —que consideró una emoción normal y pasajera—, la ansiedad social puede llevar a evitar actividades importantes por miedo al juicio ajeno. “Una persona puede sentir timidez y aun así hacer eso que es importante. En la ansiedad social aparecen pensamientos que bloquean u obstaculizan la conducta”, señaló.
Entre los ejemplos más comunes mencionó el miedo a hablar en público, rendir exámenes, interactuar en ciertos ámbitos laborales o incluso realizar actividades cotidianas como hacer compras. Según explicó, la persona suele anticipar escenarios negativos, interpretar lo que otros podrían pensar y generar conclusiones catastróficas sin evidencia concreta. “Muchas veces aparece esta lectura de mente: pensar que los demás van a creer que soy un tonto, que voy a quedar en ridículo o que no estoy preparado. Eso genera tanta ansiedad que la persona evita exponerse”, indicó.
El especialista remarcó que la evitación produce alivio inmediato, pero termina reforzando el problema. “A corto plazo funciona porque disminuye la ansiedad, pero a largo plazo aleja a la persona de lo que es importante para ella”, sostuvo.
Durante la entrevista, también explicó que la ansiedad social no siempre se manifiesta en todos los contextos. Una persona puede desenvolverse con normalidad en algunos ámbitos y sentirse completamente bloqueada en otros específicos, como rendir un examen oral o hablar frente a determinadas personas.
En ese sentido, señaló que uno de los indicadores más importantes para detectar el problema es comenzar a abandonar actividades significativas por miedo, ansiedad o pensamientos anticipatorios. “Cuando la persona empieza a dejar de asistir a lugares o hacer cosas importantes para su vida por esta ansiedad, ahí ya estamos hablando de un problema”, expresó.
Martínez advirtió además que, si el aislamiento se profundiza, pueden aparecer síntomas depresivos. “Cada vez se reducen más las conductas. La persona deja de salir, de estudiar, de compartir con otros, y termina aislándose en un lugar seguro donde no siente ansiedad, pero tampoco disfruta”, explicó.
Finalmente, destacó la importancia de aprender a actuar incluso en presencia del miedo o la incomodidad. Desde el enfoque de la terapia de aceptación y compromiso, señaló que avanzar hacia aquello que es valioso para una persona casi siempre implica cierto nivel de incomodidad emocional. “No se trata de esperar a no sentir ansiedad para hacer algo, sino de hacerlo aun con nervios, miedo o vergüenza”, concluyó.
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