A partir del reciente caso ocurrido en la ciudad de Córdoba, donde un niño de tres años murió tras ser atacado por un perro y la Justicia avanzó con imputaciones por homicidio culposo, volvieron a plantearse interrogantes sobre la prevención de ataques y la responsabilidad de quienes tienen animales a su cuidado.
Según señaló, algunas razas son consideradas potencialmente peligrosas por sus características físicas y por el daño que pueden ocasionar ante una mordedura, pero esto no significa que necesariamente desarrollen conductas agresivas. Díaz remarcó que cualquier perro puede reaccionar ante situaciones de miedo, defensa territorial, protección de recursos, dolor o enfermedad.
La especialista destacó además la importancia de aprender a interpretar el lenguaje corporal. Posturas rígidas, pelo erizado, gruñidos, cambios en la posición de las orejas y la cola o determinadas expresiones pueden funcionar como señales de alerta. También advirtió que mover la cola no siempre significa que un animal esté dispuesto al contacto y recomendó evitar acercarse o tocar perros desconocidos sin conocer previamente su reacción.
Otro punto central fue la tenencia responsable, especialmente al momento de sacar a los animales a espacios públicos y evitar que permanezcan sueltos sin supervisión. “El responsable es el tutor de lo que pasa”, sostuvo Díaz, al remarcar que la prevención depende en gran medida de las condiciones de cuidado y control que establecen las personas responsables del animal.
Finalmente, ante una mordedura recomendó asistir inmediatamente a la persona lesionada, realizar una correcta higiene de la herida y recurrir a atención médica, además de dar intervención a las autoridades correspondientes para el seguimiento sanitario del animal.