La Cámara del Crimen de San Francisco dictó la pena máxima para Ezequiel Simeone, Cristian Varela y Rocío Rauch, madre de la víctima. El juicio se desarrolló a puertas cerradas y contó con la participación de un jurado popular. La resolución llega casi dos años después del asesinato de la niña de 8 años, ocurrido en noviembre de 2024.
La Justicia de San Francisco dictó sentencia en el juicio por el crimen de Aralí Vivas, la niña de 8 años que fue víctima de abuso sexual y asesinato en la localidad de Brinkmann. Tras el desarrollo del proceso judicial, los tres imputados recibieron la pena de prisión perpetua, aunque las decisiones del jurado no fueron unánimes en todos los casos.
Ezequiel Matías Simeone y Cristian Hernán Varela fueron condenados por unanimidad por los delitos de homicidio criminis causa y abuso sexual agravado por la edad de la víctima. En el caso de Rocío Milagros Rauch, madre de Aralí, la condena a prisión perpetua se resolvió por mayoría, al considerarla partícipe necesaria de los hechos.
Además, a Simeone se le atribuyó el delito de incendio, vinculado con el fuego registrado en la vivienda donde fue encontrado el cuerpo de la pequeña.
El juicio estuvo a cargo de la Cámara del Crimen de San Francisco, con un tribunal integrado por los jueces Guillermo Rabino, Alejandro Acuña y Claudio Requena. También participaron ocho ciudadanos que conformaron el jurado popular, encargado de intervenir en la determinación de la responsabilidad penal de los acusados.
Los planteos de las defensas
Durante el proceso, los abogados defensores solicitaron la absolución de sus representados y cuestionaron distintos aspectos de la acusación.
En el caso de Rauch, sus defensores, Luis Alberto Licera y Marcos Arnold, argumentaron que no se había demostrado cuál habría sido su participación concreta en el crimen. Entre sus planteos, señalaron que la mujer no se encontraba en Brinkmann desde el día anterior al hecho.
Por su parte, Joaquín González y Antonio Rusconi, representantes de Varela, sostuvieron su inocencia y cuestionaron las pruebas que lo vinculaban con el abuso. En particular, hicieron referencia a los resultados de un análisis de ADN que, según la defensa, no detectó rastros genéticos de su representado en las muestras tomadas de la víctima.
Pese a estos argumentos, el tribunal y el jurado popular resolvieron imponer la máxima pena prevista por la legislación argentina.
Un crimen que conmocionó a toda la región
El hecho ocurrió el 1 de noviembre de 2024, cuando se produjo un incendio en una vivienda de Brinkmann. Una vez controladas las llamas, fue encontrado el cuerpo de Aralí. La investigación determinó que la niña había fallecido antes de que comenzara el fuego, por lo que el incendio pasó a formar parte de las circunstancias investigadas en torno al crimen.
El asesinato provocó una profunda conmoción en Brinkmann, San Francisco y distintas localidades de la región, además de generar numerosos pedidos de justicia.
Los cuestionamientos a los organismos de protección de la infancia
Más allá de las responsabilidades penales determinadas durante el juicio, el caso también puso bajo cuestionamiento la actuación de los organismos encargados de garantizar los derechos y la protección de niños, niñas y adolescentes.
Familiares de Aralí reclamaron que se investigara el contexto previo al asesinato y si las intervenciones de los organismos competentes, entre ellos la Secretaría de Niñez, Adolescencia y Familia (SENAF), habían sido suficientes para proteger a la niña y a sus hermanos.
Entre quienes expresaron públicamente estos cuestionamientos estuvo Betiana Heredia, familiar de la víctima, quien reclamó que se profundizara la investigación sobre posibles responsabilidades de otras personas e instituciones.
Con la sentencia de prisión perpetua para los tres acusados, concluyó una instancia central del proceso judicial por uno de los crímenes que mayor impacto generó en la región durante los últimos años. Sin embargo, los reclamos de la familia sobre las actuaciones previas de los organismos de protección continúan formando parte del debate que dejó el caso.
La Justicia de San Francisco dictó sentencia en el juicio por el crimen de Aralí Vivas, la niña de 8 años que fue víctima de abuso sexual y asesinato en la localidad de Brinkmann. Tras el desarrollo del proceso judicial, los tres imputados recibieron la pena de prisión perpetua, aunque las decisiones del jurado no fueron unánimes en todos los casos.
Ezequiel Matías Simeone y Cristian Hernán Varela fueron condenados por unanimidad por los delitos de homicidio criminis causa y abuso sexual agravado por la edad de la víctima. En el caso de Rocío Milagros Rauch, madre de Aralí, la condena a prisión perpetua se resolvió por mayoría, al considerarla partícipe necesaria de los hechos.
Además, a Simeone se le atribuyó el delito de incendio, vinculado con el fuego registrado en la vivienda donde fue encontrado el cuerpo de la pequeña.
El juicio estuvo a cargo de la Cámara del Crimen de San Francisco, con un tribunal integrado por los jueces Guillermo Rabino, Alejandro Acuña y Claudio Requena. También participaron ocho ciudadanos que conformaron el jurado popular, encargado de intervenir en la determinación de la responsabilidad penal de los acusados.
Los planteos de las defensas
Durante el proceso, los abogados defensores solicitaron la absolución de sus representados y cuestionaron distintos aspectos de la acusación.
En el caso de Rauch, sus defensores, Luis Alberto Licera y Marcos Arnold, argumentaron que no se había demostrado cuál habría sido su participación concreta en el crimen. Entre sus planteos, señalaron que la mujer no se encontraba en Brinkmann desde el día anterior al hecho.
Por su parte, Joaquín González y Antonio Rusconi, representantes de Varela, sostuvieron su inocencia y cuestionaron las pruebas que lo vinculaban con el abuso. En particular, hicieron referencia a los resultados de un análisis de ADN que, según la defensa, no detectó rastros genéticos de su representado en las muestras tomadas de la víctima.
Pese a estos argumentos, el tribunal y el jurado popular resolvieron imponer la máxima pena prevista por la legislación argentina.
Un crimen que conmocionó a toda la región
El hecho ocurrió el 1 de noviembre de 2024, cuando se produjo un incendio en una vivienda de Brinkmann. Una vez controladas las llamas, fue encontrado el cuerpo de Aralí. La investigación determinó que la niña había fallecido antes de que comenzara el fuego, por lo que el incendio pasó a formar parte de las circunstancias investigadas en torno al crimen.
El asesinato provocó una profunda conmoción en Brinkmann, San Francisco y distintas localidades de la región, además de generar numerosos pedidos de justicia.
Los cuestionamientos a los organismos de protección de la infancia
Más allá de las responsabilidades penales determinadas durante el juicio, el caso también puso bajo cuestionamiento la actuación de los organismos encargados de garantizar los derechos y la protección de niños, niñas y adolescentes.
Familiares de Aralí reclamaron que se investigara el contexto previo al asesinato y si las intervenciones de los organismos competentes, entre ellos la Secretaría de Niñez, Adolescencia y Familia (SENAF), habían sido suficientes para proteger a la niña y a sus hermanos.
Entre quienes expresaron públicamente estos cuestionamientos estuvo Betiana Heredia, familiar de la víctima, quien reclamó que se profundizara la investigación sobre posibles responsabilidades de otras personas e instituciones.
Con la sentencia de prisión perpetua para los tres acusados, concluyó una instancia central del proceso judicial por uno de los crímenes que mayor impacto generó en la región durante los últimos años. Sin embargo, los reclamos de la familia sobre las actuaciones previas de los organismos de protección continúan formando parte del debate que dejó el caso.