Columna de Nutrición: por qué la vitamina D es clave para la salud
En una nueva entrega de la columna de nutrición, de la mano de Luisina Abrate (MP 44460/8), egresada de la UNC y formada en nutrición médica, abordamos la importancia de la vitamina D, un nutriente fundamental para el funcionamiento del organismo y cuyos niveles suelen encontrarse bajos en gran parte de la población.
Miércoles 03 de junio 2026 | 14:34 Hs.
Aunque se la conoce como una vitamina, la vitamina D actúa en realidad como una hormona. Se trata de una vitamina liposoluble que el cuerpo puede producir a través de la exposición solar y que también puede incorporarse mediante algunos alimentos. Existen dos formas principales: la vitamina D3, de origen animal y sintetizada por la piel, y la vitamina D2, presente en vegetales y hongos.
Su función va mucho más allá de la salud ósea. La vitamina D participa en la absorción del calcio y el fósforo, contribuye al correcto funcionamiento muscular y cumple un papel importante en la regulación del sistema inmunológico.
Entre los alimentos que la contienen se encuentran pescados como salmón, sardina, atún y caballa, además de la yema de huevo, los hongos y algunos lácteos fortificados. Sin embargo, la alimentación por sí sola suele ser insuficiente para alcanzar niveles óptimos, por lo que la exposición solar responsable continúa siendo una de las principales fuentes.
Los especialistas recomiendan exposiciones diarias al sol que varían según el tipo de piel. En términos generales, las personas de piel clara requieren entre 15 y 20 minutos diarios, mientras que quienes tienen piel más oscura pueden necesitar períodos más prolongados. Durante los meses de invierno, especialmente en determinadas regiones, la producción natural de vitamina D puede disminuir considerablemente.
Los niveles de vitamina D se evalúan mediante un análisis de sangre. Se considera deficiencia cuando los valores son inferiores a 20 ng/mL, insuficiencia entre 20 y 29 ng/mL y suficiencia a partir de 30 ng/mL. Los valores cercanos a 50 ng/mL suelen considerarse óptimos.
En algunos casos puede ser necesaria la suplementación, aunque los profesionales advierten que debe indicarse de manera individualizada y bajo supervisión médica. “Más vitamina D no significa más beneficios”, remarcan, ya que el exceso también puede generar efectos adversos.
Por ello, la recomendación general es combinar una alimentación adecuada, exposición solar responsable y controles médicos periódicos para determinar si existe o no la necesidad de suplementar.
Su función va mucho más allá de la salud ósea. La vitamina D participa en la absorción del calcio y el fósforo, contribuye al correcto funcionamiento muscular y cumple un papel importante en la regulación del sistema inmunológico.
Entre los alimentos que la contienen se encuentran pescados como salmón, sardina, atún y caballa, además de la yema de huevo, los hongos y algunos lácteos fortificados. Sin embargo, la alimentación por sí sola suele ser insuficiente para alcanzar niveles óptimos, por lo que la exposición solar responsable continúa siendo una de las principales fuentes.
Los especialistas recomiendan exposiciones diarias al sol que varían según el tipo de piel. En términos generales, las personas de piel clara requieren entre 15 y 20 minutos diarios, mientras que quienes tienen piel más oscura pueden necesitar períodos más prolongados. Durante los meses de invierno, especialmente en determinadas regiones, la producción natural de vitamina D puede disminuir considerablemente.
Los niveles de vitamina D se evalúan mediante un análisis de sangre. Se considera deficiencia cuando los valores son inferiores a 20 ng/mL, insuficiencia entre 20 y 29 ng/mL y suficiencia a partir de 30 ng/mL. Los valores cercanos a 50 ng/mL suelen considerarse óptimos.
En algunos casos puede ser necesaria la suplementación, aunque los profesionales advierten que debe indicarse de manera individualizada y bajo supervisión médica. “Más vitamina D no significa más beneficios”, remarcan, ya que el exceso también puede generar efectos adversos.
Por ello, la recomendación general es combinar una alimentación adecuada, exposición solar responsable y controles médicos periódicos para determinar si existe o no la necesidad de suplementar.
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