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Columna de Psicología: Comparación social, ¿puede motivarnos o convertirse en una fuente de sufrimiento?

En una nueva edición de la columna de psicología de Radiocanal, el psicólogo Lucas Martínez (MP 9569) analizó la comparación social, una conducta natural del ser humano que puede funcionar como fuente de inspiración, pero también generar malestar cuando la vida propia comienza a evaluarse permanentemente a partir de la realidad de los demás. Las redes sociales, advirtió, pueden intensificar este fenómeno.
Salud Martes, 06 de octubre de 2026

Compararnos con otras personas es algo habitual. Puede ocurrir respecto de nuestra apariencia, situación económica, relaciones, familia, trabajo o desempeño académico. Según explicó Lucas Martínez, la comparación social consiste en evaluar quiénes somos o determinados aspectos de nuestra vida tomando a otras personas como referencia.

Sin embargo, compararse no es necesariamente negativo. Se trata de una conducta propia del ser humano que, dependiendo de la función que cumpla, incluso puede convertirse en una herramienta de motivación.

Martínez ejemplificó esta situación con una persona que observa que un amigo consiguió trabajo en una empresa en la que también quisiera ingresar. Esa comparación podría llevarla a preguntarle cómo presentó su currículum, qué habilidades le solicitaron o qué camino siguió para alcanzar ese objetivo. En ese caso, la experiencia del otro funciona como inspiración para acercarse a algo que considera importante en su propia vida.

El problema aparece cuando la misma comparación comienza a alimentar pensamientos vinculados con el fracaso, la injusticia o la propia falta de capacidad. “¿Por qué él es más exitoso que yo?” o “¿por qué yo todavía no pude lograrlo?” son algunos de los interrogantes que pueden llevar a lo que el psicólogo describió como un “laberinto de sufrimiento”.

El papel de las redes sociales

Si bien la comparación social existió siempre, las redes ampliaron enormemente la cantidad de personas con las que podemos compararnos. Ya no se trata solamente de observar a familiares, amigos, vecinos o compañeros de trabajo: actualmente podemos acceder de manera permanente a fragmentos de la vida de miles de personas.

Martínez señaló que incluso observa en el consultorio situaciones en las que una persona se encuentra emocionalmente estable y, luego de ingresar a una red social y encontrarse con determinada publicación, comienza a cuestionar su propia realidad. Viajes, relaciones, logros académicos, trabajos, bienes materiales o proyectos familiares pueden convertirse rápidamente en parámetros con los cuales medir la propia vida.

En este punto aparece además una diferencia fundamental: en las redes no vemos la vida completa de una persona, sino un recorte de aquello que decidió mostrar. Comparar nuestra realidad cotidiana, con sus dificultades y circunstancias, con algunas fotografías, historias o videos seleccionados por otra persona genera una evaluación desigual.

El ejemplo puede trasladarse al ámbito de la actividad física: observar el cuerpo de una persona dedicada al fitness y asumir que cualquiera podría alcanzar exactamente el mismo resultado simplemente entrenando y alimentándose de determinada manera deja afuera múltiples factores. No conocemos su rutina completa, su situación laboral, sus responsabilidades familiares ni las demás circunstancias que forman parte de su realidad.

Volver la mirada hacia uno mismo

Frente a una comparación que genera malestar, Martínez propone cambiar el foco. En lugar de concentrarse exclusivamente en aquello que consiguió el otro, la pregunta puede ser qué queremos nosotros y qué acciones podemos realizar para acercarnos a eso que consideramos importante.

“Mientras uno más pone el ojo en el otro, se va perdiendo la esencia de lo que para uno es importante”, explicó. Por eso, identificar qué función cumple la comparación y qué nos está generando puede ayudar a transformar esa experiencia en una oportunidad para revisar nuestros propios objetivos.

La comparación social, remarcó, existió, existe y seguirá existiendo porque forma parte de la naturaleza humana. La clave pasa por reconocer qué efecto tiene en cada persona. Si determinados perfiles o contenidos generan constantemente malestar, una alternativa puede ser dejar de seguirlos o silenciarlos y destinar ese tiempo y energía a aquello que realmente resulta significativo para la propia vida.  

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