En el marco del Día del Carnicero, Facundo y Emilio Origlia, de Los Mellis, hablaron de la atención cotidiana, el vínculo con los clientes y los cambios que observan en las compras de las familias.
Hace cuatro años se instalaron en Juan de Garay, entre Libertador y Alberdi. Antes trabajaban en un local de calle Dorrego, frente al Club de Bochas Deportivo. La posibilidad de mudarse a una avenida les permitió pensar en ampliar el negocio, una decisión que tomaron con el riesgo que implica cambiar de lugar.
En el marco del Día del Carnicero, contaron que el oficio exige adaptarse a cada persona y a cada familia. Hay clientes que llegan con una idea precisa y otros que necesitan orientación sobre los cortes, las cantidades o las alternativas para una comida.
Por eso, explicaron, atender no consiste únicamente en pesar y despachar carne. También supone escuchar y ayudar a calcular cuánto llevar, especialmente cuando alguien organiza un asado. Entre las opciones que mencionaron aparecen cortes que permiten ampliar la elección más allá de la costilla, el vacío o el matambre.
La conversación también pasó por los cambios en el consumo. Según lo que observan en su propio local, las compras disminuyen después de los primeros quince o diecisiete días del mes. En esa etapa, muchas familias priorizan combinaciones y cantidades que les permitan resolver varias comidas y aprovechar mejor el presupuesto.
Facundo y Emilio señalaron que en su carnicería mantienen los precios desde marzo. Aclararon, desde esa experiencia particular, que el comportamiento de los clientes sigue cambiando: creció la demanda de pollo y cerdo por su menor costo frente a la carne vacuna.
El tiempo disponible para cocinar también influye. En la charla describieron una demanda orientada a preparaciones cotidianas y prácticas, una realidad que conocen a partir del intercambio diario con quienes se acercan al mostrador.
Al hablar de las distintas tareas que reúne el oficio, mencionaron que a veces deben ponerse en el lugar de un cocinero y otras veces dedicar un momento a escuchar. Esa relación con el cliente atraviesa la jornada y forma parte de la historia de un comercio de barrio, donde cada compra llega acompañada por necesidades y hábitos diferentes.